El silencio es amigo de la espera
la angustia de prever que no has venido
que olvidaste la cita por descuido
esta vez, la anterior y la primera.
Por culpa de un azar incompetente
o tal vez por un quiebre del destino
aún late un corazón adolescente
en el pecho de este viejo peregrino.
Así voy enhebrando desconsuelos
esperando que esta vez no se te olvide
nuestra cita, nuestro amor, este pañuelo
esta angustia y este llanto que me siguen.
En la tarde de mi vida sólo queda
un catálogo de amores inquilinos
una sed, un vacío, un cuento chino
una farsa, un antifaz, al fin, la espera.

Imagen: Banco de la Plaza del Congreso, Buenos Aires. Copia en papel hecha en laboratorio.
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