Las luces
Thursday, July 24th, 2008
Maniatadas
las luces
corren en la noche
falsa de un techo.
Suspendidas
un instante
dibujan para mí
el boceto de un sueño.
Maniatadas
las luces
corren en la noche
falsa de un techo.
Suspendidas
un instante
dibujan para mí
el boceto de un sueño.
En el límite de la vigila
cae, como un párpado
sobre el suelo
la noche llena de miedos.
No temas, la araña de mi brazos
teje para tí
la red inextricable que te envuelve
y te cuida.
Duerme, la recurrente
e incansable pesadilla
no te alcanzará esta noche.

Modelo: Paola.
Después de una semana con el sitio caído, aquí estoy de nuevo. Gracias sobre todo a los que me siguieron en el viejo blog (un beso para Pasajera y otro para Euge). Saludos para todos!
Suspendido, tu cuerpo redondo,
elástico, tu traslúcida gordura
teme caer y conocer el fondo,
el destino último
de tu húmeda existencia.
No luches, desiste,
da el salto magnífico,
el viaje final.
Yo tengo un rato más
de rodar lentamente,
pero ya te alcanzo,
hermana.
Entradas relacionadas: Pimpollo, Después de la tormenta, Gotas.
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El fin de cada viaje se parece,
pero este es el último.
Debajo de los ojos busco
las grietas donde seguir viendo
cómo corre el tiempo,
cómo cambia el cielo.
Para qué afanarme,
en el fondo de este negro pozo
sé que de mí se separa el cuerpo.
Envuelto en imposibles sueños
de cara a la nada y sin voz,
solo, para siempre duermo.
“Hoy supe la verdad,
pero no toda
¿acaso sos vos el que me empuja?
oh, velador de noches insomnes
guardador de secretos prohibidos
Decime cómo desde tan cerca
no guardás mi sueño
cómo la penumbra
no inquieta tus patas
ni te lleva de aquí…
Para K.C.
Inútil, la boca abierta
espera desde hace un siglo
el perfume de un secreto ensobrado
la tibia caricia de un papel.
Cada madrugada trae
la esperanza en los primeros pasos,
la mano introductoria.
Detrás de la puerta, hambriento
ebrio de espera vigilo
el mensaje final, la muda
e inútil noticia de tu vuelta.
![]()
Cada día la ciudad te ofrece su piel
en cada poro que respira te ofrece con su asfalto
el don áspero de su cáscara.
¿Qué ofrenda recibe a cambio
por el tesoro suave de su camaleónica faz
por el húmedo y caliente aliento de sus piedras
de las hojas y el polvo
que transpira bajo cada pisada tuya?
Cuando duermas entre géneros y murmullos
recuerda cómo allá afuera todavía flotan
sobre la dura costra de la ciudad
las caricias de otros pasos.
Ha llegado sin que lo llamen.
Aquí está, en las calles, en las veredas.
Dentro de nuestras casas.
Cuando se vaya se llevará
quién sabe cuánto.
Mientras, nosotros, incrédulos
lo vemos pasar.
Después de la tormenta
o mientras,
o justo al final
cuando el viento te tira las últimas gotas
corrés,
ya sin saber para qué.
Y en las ramas caídas
podés ver, o en los charcos
siluetas que mutan,
que son también vos
que vas a la calma
con las nubes por velas.
Después de la tormenta
si el sol se atreve
vas a ver brillos
también en tus ojos
y por fin las gotas, por fin,
tus lágrimas.
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Aprender a mirar, entre lo irrevocable y lo cíclico.
Tratar de comprender, entre la desolación y la indiferencia
el mecanismo intrínseco de la naturaleza.
¿A dónde va lo que nos abandona?
¿Se transforma o se extingue,
se esfuma o regresa?
…
¿Puede haber belleza en la inanimidad?
Vacíos, ausencias, recuerdos, recurrencias…
Y el temor a la nada, a lo inexplicable, a lo irrevocable
que nos tortura cada vez
que imaginamos nuestro propio fin.
