La amistad es la mayor riqueza, y cuando somos niños, nos ofrecemos sin compromisos, sin condicionamientos de ningún tipo, sin maldad…
Si la vida luego nos separa, siempre llevaremos esa experiencia que nos cruzó con un alma gemela, con un ser especial con el que compartimos un tramo del camino.
Quisiera con esto saludar a mis viejos amigos y amigas de la infancia, a esos que quizás ya no volveré a ver, pero que marcaron mi vida para siempre.
Poseídos, endiablados,
llenos de un vigor iracundo,
de una sed explosiva.
Furiosos, desbocados,
anhelando lo que ya tienen,
queriendo fundirse en el mismo abrazo
que los quema, que los desarma
y los desnuda definitivamente
de lo que no son.