Recién llegado intento seguir
la estela de tus pasos;
en vano miro detrás de cada espalda
dentro de cada boca,
con mis ojos como antenas
con mis manos como oídos.
Una alta noche que se cierra
sobre el hueco de tu nombre
me dice que están perdidas
las señales olvidadas. Mentira.
Sé, como sé que soy otro,
que vos estás al final de mi mirada
como un cántaro lleno de sed,
escondida en lo profundo, esperando,
y no me detengo.
La amistad es la mayor riqueza, y cuando somos niños, nos ofrecemos sin compromisos, sin condicionamientos de ningún tipo, sin maldad…
Si la vida luego nos separa, siempre llevaremos esa experiencia que nos cruzó con un alma gemela, con un ser especial con el que compartimos un tramo del camino.
Quisiera con esto saludar a mis viejos amigos y amigas de la infancia, a esos que quizás ya no volveré a ver, pero que marcaron mi vida para siempre.