Porque nadie sabe lo que se esconde al fondo del jardín, lo que esconde el fondo de tus ojos. Porque no sabes cuánto misterio escondes dentro de tí.
¿Y si no por qué la espera, por qué esa como nostalgia que hay detrás de tu sonrisa, cada vez que te miras en el espejo de cualquier nube?
A veces basta con mirar bien, a veces hace falta abrir una puerta, empujar una pared, arañar la corteza de una piel en busca de la luz, de la verdad, de cualquier certeza que te llene las manos…
Pero el jardín es también un bosque, el cielo también es el mar, y la piel es tu propia piel, la tierra late en tu corazón y entonces no es fácil mirar adentro, se vuelve peligroso atravesar el umbral donde no sabes qué te espera, pero es irresistible.
Afortunadamente papá noel no existe. Ni siquiera bajo el disfraz de los padres. Afortunadamente en mi casa el árbol de navidad es un montón de bolas doradas que ruedan en el patio y unas hojas de plástico con las que juega mi sobrina.
El pudor es un bicho feo, de cuya picadura por suerte hay remedio. Liberémos.
La casualidad puso las fotos, y las grandes amistades me permitieron acompañarlas con la magia de las palabras. ¿Qué más se puede pedir?
No me mires, no me mires
Tengo mis pudores sueltos
Y un puñado de sueños
Encajados en el corazón
No me mires, no me mires
Ni mi piel anaranjada
Ni mi cabecita enrulada
Ni mis susurros perdidos,
Mis secretos escondidos
No me mires, no me mires
Que me pongo colorado,
Que no tengo ningún lado
Donde pueda correr,
Esconderme, huir,
Correr desesperado
Es que estoy encajonado
Esperando tu rescate,
A tus manos fulgurantes
Que me acaricien al instante.
“Adonde vas tan apurado, a donde vas
con ese auto que escupe tanta y tanta basura…
A donde vas tan exaltado, adonde vas
haciendo tanto ruido me vas a enloquecer…
Esta mañana voy a mandarme en bicicleta y se acabo…
“La bicicleta sobrevivirá bastante tiempo
cuando no haya autos sobre la tierra…
Los rayos de sus ruedas van a iluminar
el suelo sin cruzarse con los rayos del sol…
“La bicicleta, la bicicleta y por supuesto el inflador…
Franco (12) en la bici que construyó con su hermano.
“Esta mañana tiro la chancleta,
porq me voy a andar en bicicleta, yo
esta mañana tiro la chancleta,
me voy a andar en bicicleta y anda a pasear…
“Bicicletear, bicicletear no es solo estar
tratando de postergar por siempre los compromisos…
No me dejes colgado así, no me hagas verso
yo ya no me voy a dejar bicicletear…
“Veni mañana, va a haber croquetas y bicicletas de verdad…
Hermano de mi abuelo materno, mi tío Maño es desde siempre una persona muy especial. Recuerdo cada historia sobre él, contada por él mismo y a veces por otros, sus aventuras, sus viajes, sus accidentes.
De él aprendí a cortar el pasto* con machete, cosa que a veces me gusta seguir haciendo.
Su desapego por lo material (sólo le conozco unas pocas pertenencias, entre ellas su bicicleta, su radio, su bolsa donde guarda los documentos y la plata que gana) es proverbial, pues prefiere seguramente dormir en el piso, que en cualquiera de las camas que la gente que lo conoce y lo quiere le ofrece.
Habrán notado mi ausencia estos días. Una ruptura, una mudanza, el final de los 30, serán algunas de las razones que intentaré esgrimir.
Pero la vida no da respiros, y anoche (esta mañana a las 6, en realidad, cuando reposaba ya en mi lecho luego de terminada la fiesta de mi cumpleaños), vinieron a buscarme para ir a otra celebración, y allá fui.
No relataré aquí los pormenores del aquelarre, baste decir que sentí la adolescencia y sus efusiones inundando el aire, lo que sumado a las ingentes cantidades de alcohol (bebido en su gran mayoría por quien les habla), desató el episodio que nos reune hoy. Una pelea.
Sangrienta, descomunal, instantánea, fugaz… para qué más palabras.