224/365: El vendedor de pastillitas

Con todo el colectivo para él, vino a sentarse a mi lado. Cada tanto me miraba, luego miraba vaya a saber dónde, más allá del ámbito en el que estábamos.
En uno de esos momentos en que parecía perdido en su pensamiento, capturé esta imagen sin que se diera cuenta.
Poco a poco se fue acurrucando contra mí, y así, cómodo, se durmió unos minutos, hasta que me bajé.
Pero él también se bajó, como si estar solo en el colectivo fuese lo último que hubiera querido.

 

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