A todos nos llega la edad en que sentimos que la vida pasa, y que sólo somos espectadores del bullicio, del gentío, de la diversidad que corre a la orilla de nuestra ventana.
Acomodamos nuestra silla en el umbral, acunamos el mate, el diario, la vida ya es de los otros. Las aventuras, las calamidades, los avatares del vivir nos han dejado atrás.
Somos grandes, maduros, mayores.
Somos responsables. O lo fuimos, o debimos haberlo sido. Hemos ganado nuestro derecho al respeto, al saludo obligatorio de los demás. ¿Hemos ganado?
Un día de estos largo todo y… y vivo, pues.